Expectativas versus Objetivos

Ascender en el trabajo, ganar más dinero, perder 3 kilos en un semana, mejorar mi vida social… y así hasta el infinito. ¿y ahora que ha empezado un nuevo curso, una nueva oportunidad de hacer de hacer las cosas mejor vas a continuar con tu mismo patrón de pensamiento?.

Esta semana vengo con un tema que humildemente creo que nos puede salvar de muchos agobios y frustraciones y así podremos disfrutar mucho más mientras trabajamos en nuestros sueños.

La diferencia entre entre objetivos y expectativas no siempre la vemos clara cuando se trata de nuestra propia realidad, pero lo cierto es que los límites entre aquellos y estas son más que evidentes si analizamos cada situación desde una perspectiva objetiva.

Objetivos son aquellas metas que dependen solo y únicamente de nosotros mismos, de nuestro trabajo, constancia y esfuerzo diario. Y, en teoría, si ponemos de nuestra parte son alcanzables.

En  cambio las expectativas son los resultados que esperamos conseguir si llevamos a cabo los primeros. Pero el problema con las expectativas es que no dependen solo de nuestra acción; ya que en ellas se entremezclan factores que no están en nuestras manos. La peor parte de las expectativas es que nos paralizan y bloquean a la hora de alcanzar nuestros objetivos porque nos arrastran a un  mar inmenso de posibles escenarios, cada cual tan distinto y, generalmente equivocado, que hacen que sean una fuga de energía tan grande que a menudo nos dejan sin fuerzas para trabajar en nuestros objetivos.

Puede que así dicho suene todo demasiado teórico, por ello he buscado un  ejemplo para que veamos en un escenario real los distintos patrones de pensamiento.

Expectativa: Anita quiere conseguir un ascenso en su trabajo.

Objetivos: Llegar cada día a las 8 a la oficina, estudiar un master los fines de semana, conseguir una certificación  más alta en inglés.

¿lo veis ahora? La expectativa de Anita depende de múltiples factores ( su jefe, la buena marcha de la empresa, la organización de la misma, el comportamiento de sus compañeros, nuevas incorporaciones en la empresa). En cambio, los objetivos de Anita dependen única y exclusivamente de ella. De tener el tesón y la determinación suficientes para emplear su tiempo, energía y dinero en aquello que realmente desea. Con esto no solo logrará evitar todos esos posibles escenarios, ya os digo que irreales en la mayor parte de las ocasiones,; sino que también se sentirá satisfecha por estar trabajando en algo que desea y, finalmente, dejará de preocuparse por sus expectativas. Porque en la vida, casi siempre, se trata de ocuparse y no de preocuparse. La acción es lo que cambia la realidad y no el pensamiento.

Pero ojo, antes de ponerse a la acción hay que fijarse unos objetivos que sean realistas y estén lo más acordes posible con nuestras circunstancias actuales. Si uno de los objetivos de Anita es llegar cada día a la oficina a las 8 de la mañana, pero Anita tiene un hijo pequeño que empieza sus clases a las 9, tendrá que buscar la forma de que alguien lleve a su hijo al colegio. Pero si Anita no puede permitirse ese gasto entonces no está fijando ese objetivo en concordancia con su escenario actual. Pero seguro que Anita puede hacer un montón de cosas más para ser una mejor profesional, lo que pasa es que ella y todos nosotros nos empeñamos muchas veces en cosas que no pueden ser en un momento dado. Y ya sabéis lo que dicen, no permitas que aquello que no puedes hacer te prive de lo que sí puedes.

 

Para cambiar nuestra forma de pensar, lo primero que tenemos que hacer es diferenciar entre expectativas y objetivos y después asegurarnos de que los objetivos que nos marcamos son concretos, cuantificables y realistas en nuestras circunstancias.

La diferencia entre un objetivo vago e impreciso y una concreto y cuantificable radica en que en el primer caso solo se hace una declaración de intenciones y en el segundo caso se plantean acciones lo más precisas posibles en términos numéricos.

Objetivo vago e impreciso: me voy a poner en forma.

Objetivo concreto y cuantificable: voy a entrenar 3 veces a la semana en el gimnasio durante 60 minutos.

¿Pero sabéis cuál es otro matiz que hay que tener en cuenta? Que aunque esos pequeños gestos que hay que hacer para lograr un objetivos nos darán unos resultados maravillosos a medio o largo plazo, el proceso no es nada glamouroso. Porque yo sé que te imaginas en una maravillosa oficina de la city londinense teniendo una maravillosa reunión en un aún más maravilloso acento inglés, con 4 kilos menos y unas piernas perfectamente torneadas sobre tus stilettos de Blanik. Sí, los resultados son maravillosos, pero para ello tendrás que ir al gym cuando no tengas ganas, tendrás que madrugar los sábados para conseguir aprobar el master, tendrás que ir a clases de inglés durante la hora de la comida. Y algunos días notarás que no avanzas, que todo tu trabajo y esfuerzo es en vano. Pero no, en medio de todo eso que tú ves como mediocre y anodino están tus objetivos.

 

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Cris Opositora

2 Comentarios

  1. Amanda Santamaria


    Muy buen Post, desde luego que nada viene regalado. Trabajo y esfurzo es lo que al final da frutos.
    Un saludo
    Amanda

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